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Cinco años sin Pedro Lemebel: su apoyo a la juventud rebelde

Pedro Lemebel fue un artista valiente, combativo, disidente, marginal, marica, político, brillante, provocador, libertino y transgresor. Su obra, su vida y su discurso siguen inspirando a las nuevas generaciones.

Sábado 25 de enero | 07:55

Nació en noviembre de 1952 en la población del Zanjón de la Aguada, a mediados de los 60´su familia se mudó a un conjunto de viviendas sociales en avenida Departamental. Hizo sus estudios secundarios en el Liceo Industrial de hombres de la Legua pero su último año lo terminó en el Liceo Manuel Barros Borgoño. Entró a la Universidad de Chile en 1970 donde se tituló de Profesor de Artes Plásticas, ejerció como docente solo entre los años 1979 a 1983, ese último año fue despido, presumiblemente, por su orientación sexual.

Sus primeros acercamientos a la producción literaria fue en los 80´ en un taller literario enfocado a la escritura de cuentos, también participó en algunos concursos literarios. Durante ese periodo, como se menciona más arriba, dejó la docencia y se dedicó a talleres de escritura, esa experiencia le permitió conocer a escritoras feministas y de izquierda quienes lo relacionaron con la cultura más marginal y de resistencia a la dictadura militar. Su literatura es extensa y durante la década de los 90´ y 2000 publicó gran parte de sus libros: En 1995 publicó su primera colección de crónicas, “La esquina es mi corazón”; En los años siguientes publicó “Loco afán y De Perlas y cicatrices”; en el 2001 publicó la novela “Tengo miedo torero”; posteriormente publicó otras crónicas como “Zanjón de la Aguada” y “Adiós mariquita linda”.

Tanto el contexto histórico-social y su relación con este lo llevó a la militancia política en el Partido Comunista (PC) y no estuvo exenta de problemáticas y discriminación, debido a que su orientación sexual no fue bien recibida en el círculo del partido y en el político en general. Haciendo gala de su vida disidente y marginal, calzando tacones, por primera vez en un espacio político, y con una hoz de maquillaje en su mejilla izquierda, intervino en un acto político de partidos de izquierda en septiembre de 1986 donde leyó su manifiesto titulado “Hablo por la diferencia”, aquí un pequeño extracto:

“No soy Pasolini pidiendo explicaciones, No soy Ginsberg expulsado de Cuba, No soy un marica disfrazado de poeta, No necesito disfraz. Aquí está mi cara, Hablo por mi diferencia, Defiendo lo que soy, Y no soy tan raro. Me apesta la injusticia, Y sospecho de esta cueca democrática, Pero no me hable del proletariado, Porque ser pobre y maricón es peor (…)”

En 1987 su vida artística giró hacia la performance y formó, junto al poeta Francisco Casas, el dúo “Las yeguas del apocalipsis”. Intervinieron los espacios públicos y privados mediante performance, videos e instalaciones artísticas y rápidamente se transformaron en exponentes de una contracultura que resistía y enfrentaba no solo a la dictadura sino tan bien los tabúes de una sociedad profundamente homofóbica y patriarcal. Pedro Lemebel impactó por completo la cultura chilena al punto que esta no volvió a ser la misma.

En el 2011 se le detecto un cáncer a la laringe y falleció en enero del 2015. La enfermedad no impidió que siguiera interviniendo en el mundo artístico, social y político. Recordemos la carta pública que le dedicó a Sebastián Piñera en su primera candidatura en el 2009, aquí un extracto:

“Demasiado barato quiere comprar este paisito, don Piñi; usted que va por la vida tasando y preguntando cuánto vale todo. Y, de un guaracazo, se compra medio Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros, bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la distancia, le pertenece a usted. ¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener.”

Han pasado cinco años de su muerte y Pedro Lemebel sigue más vivo que nunca. Su arte valiente, combativo, disidente, marginal, marica, político, brillante, provocador, libertino y transgresor resuena en el hoy porque la cultura chilena sigue reproduciendo esos conceptos convencionales que el buscó exponer y destruir desde su misma corporalidad. Por eso no extraña que un profesor fuera despedido por invitar a sus estudiantes a leer su obra.

Resuena en el hoy porque la revuelta social iniciada, en octubre del 2019, por una juventud desplazada, crítica, combativa, marginada, disidente y respetuosa de la diversidad, ha impactado la cultura chilena; esa juventud junto a las mujeres y diversidad sexual han usado e intervenido los espacios, controlados por la cultura oficial y elitista, y los resignifica con el arte y los símbolos que la historia y esa cultura oficial han excluido. Al igual que el Lemebel joven y marginal, la juventud, las mujeres y la disidencia sexual, intervienen y ocupan esos espacios para denunciar y luchar por una vida más digna para el conjunto de la población trabajadora y oprimida. Ocupar la calle es la consigna porque la calle es un escenario, donde transitan las masas, donde se hace política, donde se practica la contracultura y se devela el discurso falso y tramposo de la clase político empresarial que gobierna Chile. Por eso la primera linea, al igual que Lemebel, usa su cuerpo como arma de batalla, para resistir la brutal embestida de la policía y para defender el derecho a ocupar el espacio publico y la libertad de expresión.

Lemebel es uno de esos artistas que ha sido alzado por ellos y ellas en los distintos espacios que han cobijado al pueblo que se manifiesta. Desde paredes con rayados y afiches alusivos con su obra artística y su vida como homosexual y travesti, hasta un busto de su cuerpo que reemplazó a un cura fuera de la Universidad Católica.

Su obra y su figura son reivindicadas hoy porque representa la vida proletaria; la opresión no solo de la diversidad sexual sino también de la mujer por eso decide reemplazar el apellido de su padre por el de madre: Lemebel; representa el sacrificio por alcanzar la libertad de ser, de amar, de existir, la consecuencia de hacer política con convicción de clase y de no callar frente al abuso de poder de políticos y la policía; y también se reivindica porque siempre tuvo la esperanza de que un país distinto es posible y su fe en la juventud lo confirma, este es un extracto de una carta que le dedico a la juventud el año 2006:

"No le ofrezco el cielo, porque sé que los ángeles le aburren. Tampoco un carrete interminable, porque el bolsillo roto de la izquierda no da para tanto. Tal vez, en esta carta, podamos imaginar un sitio digno donde respirar libertad, justicia y oportunidades sin besarle el culo a nadie. Quizás, soñar otro país, donde el reclutamiento sea voluntario, y usted no se sienta menos patriota por negarse a empuñar la criminalidad de esas armas. Sería un bello país, ¿no cree? Un largo país, como un gran pañuelo de alba cordillera para enjugarle al ayer la impunidad de sus lágrimas. Un hermoso país, como una inmensa sábana de sexo tierno que también sirva para secarle a usted su sudor de mochilero patiperro. ¿Qué me dice? Nos embarcamos en el sueño".

Así como lo deseaba Lemebel la juventud, las y los trabajadores, las mujeres, la diversidad sexual, los pueblos originarios se han embarcado en el sueño de que un país distinto es posible y siguen adelante dejando atrás el miedo heredado de la dictadura y aunque salgan heridos o heridas mantienen viva, con convicción, ese ideal.







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