SEMANARIO

Peak de la pandemia en Chile: ¿hacia dónde vamos?

Bárbara Brito

Carolina Toledo

Peak de la pandemia en Chile: ¿hacia dónde vamos?

Bárbara Brito

Carolina Toledo

Al desglosar el contenido de la curva de pandemia, se puede afirmar que ésta está compuesta por muchas epidemias localizadas en distintos territorios. De ahí la importancia de medidas como cuarentena, que buscan frenar el contacto humano y disminuir así el R0 (tasa de contagio). A partir de esta primera definición, las medidas iniciales de aislamiento del caso cero, y el testeo y aislamiento de sus contactos, son fundamentales para detener la expansión del brote epidémico en un territorio localizado hacia el país completo.

Pese a que así lo indicaba la OMS basada en la ciencia epidemiológica y en el estudio de la patogenia del nuevo virus al recomendar a los países tomar acciones rápidas, el virus continuó expandiéndose y los distintos países no pudieron detener su propagación a todo el globo. La pandemia se movilizó más rápidamente que la respuesta humana y trasladó su foco por los distintos continentes: hoy experimentamos la “oleada americana”, luego de la reciente “oleada oriental” y “europea”, que están comenzando a descender lentamente en medio de rebrotes y dejando incipientes aprendizajes para la descuarentenación.  [1]

Pero no todos los países han respondido de la misma forma al mismo virus, y a diferencia de las pandemias que previamente ha enfrentado la humanidad, las tecnologías de la comunicación del siglo XXI nos han permitido enterarnos al instante de las últimas investigaciones científicas y de las estrategias que han resultado efectivas en los distintos países, sirviendo éstas de aprendizajes para los países latinoamericanos. Entonces, ¿qué determina que la respuesta de los países sea tan heterogénea? ¿Por qué algunos países han logrado frenar la curva ascendente, lamentando menos muertes que otros? ¿Qué factores afectan la toma de decisiones de los gobernantes de cada país, y por tanto el curso de las acciones?

Entendiendo a una pandemia como un fenómeno social complejo, no existe una única respuesta a estas interrogantes. En este artículo, intentaremos comprender el caso de la respuesta chilena a la pandemia en tanto posee un sistema capitalista y un modelo de salud neoliberal experimental, y lo compararemos con otros países.

1) El modelo de salud

Según el modelo de Determinantes Sociales de la Salud [2] , los factores individuales y genéticos sólo determinan en un 15% la salud del individuo(a), mientras que en un 85% se ve determinada por factores ambientales, sociales y económicos. Entre ellos, por el sistema de salud o acuerdo social para la salud de las personas, el que puede ser público, privado, tradicional, mixto, etc. Este acuerdo ocurre en el marco de una concepción más amplia de modelo de salud, definido entre otros elementos por: la forma en que es concebida la salud por la sociedad (como derecho, como negocio, etc); al servicio de qué actores sociales o bajo qué intereses funciona (del pueblo, de la burguesía, de las minorías étnicas, etc.); y por el objetivo final de su existencia (para mantener sana a la clase trabajadora, para liberarla de la opresión, etc.).

El sistema de salud biomédico, preponderante en los países occidentales, cumple distintas funciones según el nivel asistencial: primario o comunitario, secundario u hospitalario y terciario o de rehabilitación. Las facilidades en el acceso, el abastecimiento en insumos, infraestructura y el fortalecimiento del sector primario en salud como punto de partida para la trazabilidad y aislamiento de casos, así como la organización, el personal y la cantidad de camas críticas del nivel secundario son factores fundamentales del sistema de salud para responder integralmente de mejor o peor manera ante la pandemia.

Por ejemplo, Costa Rica cuenta con un sistema de salud único, solidario y tripartito. Cuenta con solo 5 clínicas privadas a las cuales el acceso es voluntario, pero todas las personas aportan al sistema público. Su respuesta a la pandemia se ha caracterizado por su coordinación y facilidad en el acceso, donde todos los exámenes PCR son gratuitos. Este país eliminó a sus fuerzas armadas en los años 40 - lo que no significa que sea un "país de paz"-, y ese dinero lo dedicó a salud y educación. [3]

En Chile en cambio, el negocio en la salud, denunciado firmemente en la revuelta, ha ido aparejado de la precariedad del sector público, de subsidios estatales a clínicas y seguros privados y de un bajísimo presupuesto estatal, lo que ha tenido por consecuencia interminables listas de espera en el sector público además de falta de personal, insumos e infraestructura.

Aún con las ventajas del modelo de salud de Costa Rica, su población se enfrenta a la contradicción de que el dinero destinado a salud y educación sufra cada vez más recortes, lo cual se ha profundizado luego del ajuste fiscal del Fondo Monetario Internacional (FMI) que aprobó su Gobierno. Por otro lado, el modelo de salud, aún con sus ventajas comparativas respecto al neoliberalismo radical chileno, funciona bajo una lógica capitalista, que permite a las grandes empresas endeudarse, mientras que muchas personas no tienen acceso a salud pública, por no poder pagar el seguro voluntario.

Otra de sus debilidades son las decisiones que ha tomado el gobierno de Carlos Alvarado, el que ha catalogado a los trabajadores del campo y migrantes nicaragüenses como una amenaza. Pero la realidad es que son personas que están obligadas por sus patrones a trabajar, sin importar las condiciones en que se encuentren. Son las penurias de un pueblo considerado por el imperialismo estadounidense como su patio trasero.

El caso de Costa Rica demuestra que el sistema de salud puede parecer "más amable", sin embargo, también devela un problema de fondo: el capitalismo como determinante de que los modelos de salud no estén dispuestos en función del interés de las y los trabajadores y el pueblo. Si bien pueden incorporar elementos como la participación social y la gratuidad, dejan fuera elementos centrales como la autoorganización, los derechos de minorías étnicas e inmigrantes, y el control de los trabajadores para asegurar la salud como un derecho.

2) Decisiones para el manejo de la pandemia

La tasa de mortalidad, entendida como el número de muertes en relación a la población general, posee una gran variedad entre los países que va de 123,8 por cien mil habitantes en el caso de San Marino (norte de Italia) a 0 en el caso de países como Nueva Guinea o Groenlandia. [4]

Más allá de que las tasas son medidas de comparación objetivas, muchas diferencias se explican por factores subjetivos: la forma de cuantificar a las personas contagiadas y fallecidas, datos demográficos como la edad promedio, modelos de salud, disponibilidad de test y el manejo de datos de los gobiernos.

Por ejemplo, Bélgica tiene una de las tasas de mortalidad más altas del mundo (83,9 por cien mil habitantes) porque contabiliza no sólo a los casos con test positivo, sino también a todos los casos sospechosos, incluyendo todas las muertes producidas en residencias de ancianos. [5] Mientras que Chile posee una de tasa promedio (24,8 por cien mil habitantes) porque sólo contabilizaba los casos confirmados con test cuyo resultado tarda hasta 12 días en llegar, por lo que se estuvo realizando un confuso subregistro de muertes por causa COVID. España en tanto, sólo contabiliza las muertes por el virus dentro de los hospitales, e Italia posee un sistema de notificación similar al nuestro.

Manejo de las cifras

En Chile, las cifras brutas fueron utilizadas fuera de su contexto por el Ex Ministro de Salud chileno, Jaime Mañalich, quien se jactó durante todo su periodo de buenos resultados internos. De igual forma, la tasa de letalidad, entendida como el número de muertes en relación al total de personas contagiadas, alcanzó una meseta a fines de abril, que permitió al gobierno hablar de volver a una “nueva normalidad”. Pero, según una publicación de CIPER, esta meseta se explica porque el aumento de contagiados fue muy similar al aumento de la cantidad de fallecidos en ese período, es decir, en un 60%. La letalidad por tanto, no es un buen indicador para la toma de medidas de política pública, pues, si aumentan exponencialmente los contagios, la letalidad podrá decrecer durante dos semanas, pero luego aumentará en función del desarrollo del cuadro de esas nuevas personas contagiadas.
 [6]

Para la investigadora Alejandra Matus, “el gobierno sobrestima su gestión (...) y en eso pierde mucho tiempo. No ha escuchado a las voces autorizadas: gremios, universidades, epidemiólogos”. [7]

La evidente manipulación que el gobierno chileno ha realizado con los datos oficiales, y que derivó en la salida anticipada de Mañalich, sólo contribuye a aumentar la brecha de desconfianza entre el pueblo y el gobierno. Además, el discurso exitista del Ministro de Salud por los resultados en fallecimientos, va muy en contra de la experiencia de otros países como Bélgica, que gracias a la sobrenotificación tienen mayor claridad de la distribución y velocidad de propagación del virus. Más grave aún, en contra de la realidad que salió a la luz tras la publicación de las verdaderas cifras de muertes en Chile producto de COVID 19 por parte de la OMS, develando un macabro encubrimiento que en ningún país debiese quedar impune.

Test masivos

De todos modos, la discusión sobre mortalidad y letalidad es una discusión tardía. Si no existen medidas de testeo masivas y aislamiento eficientes, no se está previniendo la propagación del virus entre la población sana. La capacidad de testeo en Chile depende de laboratorios públicos y privados que utilizan la técnica PCR, cuyos insumos y reactivos son todos producidos en el extranjero. Esta limitación produjo el quiebre de stock de mediados de mayo que redujo de 70 a 45 los laboratorios capaces de procesar muestras, con el consiguiente rechazo de muestras. El alcalde de Cerro Navia, Mauro Tamayo, denunciaba entonces que 1.200 exámenes pendientes en la zona occidente de la capital se habrían perdido por vencimiento de las muestras en espera de procesamiento. [8]

Pese a esta limitación, el número de casos confirmados ha continuado en aumento. La indicación fue entonces continuar con las medidas clínicas-epidemiológicas, que consisten en aislamiento y cuarentena.

Proyecciones

En comparación al resto de los países, desde la segunda mitad de junio, Chile ocupa el quinto lugar de los países con más personas contagiadas acumuladas (13.311 por cada millón de habitantes) y el puesto número 17 de los países con mayor tasa de mortalidad (24,8 por cien mil habitantes), similar a Perú, Brasil y Ecuador (4). Cabe considerar que en nuestro país recientemente se comenzaron a contar los fallecimientos de casos sospechosos en los hospitales en espera resultado del test, y aún no se están contabilizando los fallecimientos de casos sospechosos en los domicilios ni en los hogares de larga estadía para personas mayores.

Según el último estudio de la Universidad de Washington, las proyecciones para Chile son desalentadoras: para el 16 de julio se prevé cerca de 25 mil muertes acumuladas, lo que arrojaría una tasa de mortalidad de 139,27 por cada cien mil habitantes, una de las más altas del mundo.
 [9]

Respecto a la controversial medida de lograr una “inmunidad de rebaño” planteada por el ejecutivo y luego desmentida por ellos mismos, alcanzar la inmunidad del 70% de la población se perfila como una estrategia poco factible en el mediano y largo plazo, dado que los estudios de inmunidad en países como España y Francia rondan entre el 4 y 5% y en Chile sería cercana al 3%. Según la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile: “sin vacuna disponible, sólo las acciones de vigilancia epidemiológica y de salud pública (...) son las que pueden aumentar la posibilidad de mayor control de la propagación y de la mitigación de la magnitud y consecuencias en las personas y comunidades.” [10]

En consecuencia, la estrategia de contagio progresivo del gobierno fracasó, y con ello deben asumir su responsabilidad en las consecuencias que van siendo develadas. La mayor debilidad dentro del “mejor sistema de salud del planeta” fue la política indolente de desviar el foco de las medidas preventivas y de mitigación, como el fortalecimiento del servicio de Atención Primaria de Salud, testear y aislar entregando las condiciones materiales necesarias para ello, es decir: sueldos de emergencia, paralización de los sectores productivos no esenciales, suspensión del pago de los servicios básicos, prohibición de los despidos, congelamiento de precios, etcétera. Es decir, la priorización por las ganancias empresariales y no por la vida de las más amplias mayorías.

3) Capitalismo, neoliberalismo y pandemia

Al inicio de este artículo definimos la pandemia como un fenómeno social complejo, es decir, en contra de las visiones que plantean que es un problema biológico o natural: la pandemia y sus consecuencias no eran una catástrofe inevitable. Por eso partimos de la base de los múltiples factores que determinan su curso y desarrollo para explicar también su evolución en Chile.

La conformación de la ciudad podía predecir el avance de la pandemia desde el barrio alto hacia la periferia. La movilización de las personas en el transporte público que puede llegar a abarcar más de 3 horas de viaje diarias para ir y volver del trabajo, con aglomeraciones inhumanas, ha sido sin duda un factor de contagio, basta recordar las postales de los primeros días de la pandemia en Chile en el Metro de Santiago. En fin, una disposición de la ciudad dividida en clases, entre pobres y ricos, convirtieron en pandemia a las zonas periféricas como verdaderas zonas de sacrificio social. [11] En consecuencia, las poblaciones son las que hoy se juegan la vida y la muerte levantando ollas comunes y velatones por las víctimas de las decisiones de un grupo de empresarios.

El gobierno de Sebastián Piñera es sin duda responsable de la actual catástrofe cuando Chile está ubicado entre los países con mayores tasas de contagio, sin embargo no podemos reducir el problema a un problema coyuntural de mal manejo de pandemia. Tanto los gobiernos de la derecha como los gobiernos de la Ex Concertación, y el sistema económico capitalista en general, han sido los responsables de la pobreza, los bajos sueldos, las pensiones de hambre, la precariedad en salud y educación, bases objetivas para una mayor difusión del virus y tasa de mortalidad.

A organizarnos por un nuevo sistema económico y de salud

En todo el mundo y más allá del modelo económico, la pobreza, las desigualdades económicas y sociales, la cesantía, la precariedad de los sistemas de salud y todo un sistema enfocado en las ganancias para unos pocos, han derivado en una conjunción explosiva de factores que dio paso a una pandemia cuyas consecuencias se trasladaron también a la economía.

La insostenibilidad de la pandemia por parte de los estados burgueses pone en entredicho al modelo de salud burgués como trasfondo del actual sistema de salud mixto, y con ello, al modelo de educación, vivienda, trabajo y economía, todos regidos por un capitalismo voraz llevado al extremo en los países semicoloniales de latinoamérica como es el caso chileno.

Es por todo lo anterior que la solución ha de ser también compleja: apostamos por un modelo de salud colectivo, que entienda la salud como un derecho y que sea controlado por trabajadores(as) y pobladores(as). Sólo de esta forma podremos resguardar un sistema de salud único, público, que otorgue cobertura universal, financiado con impuestos a las grandes fortunas y con rebajas a las fuerzas armadas, con pertinencia cultural y territorial, y que impida explícitamente el lucro.

Para lograrlo, creemos que la organización de los(as) trabajadores(as) de la salud en los comités de salud de hospitales y consultorios, en conjunto con los(as) pobladores(as) y estudiantes que han levantado comités de emergencia y brigadas territoriales, han ido sembrando las semillas de autoorganización para el nuevo modelo de salud.

Por un lado, en varios hospitales de ciudades como Antofagasta, Santiago y Valparaíso, los(as) trabajadores(as) han conformado comités de trabajadores(as) con delegados(as) por unidades, quienes a través de acciones como asegurar los elementos de protección necesarios, exigir la distribución de insumos en base a criterios clínicos, denunciar la explotación laboral y resguardar las condiciones laborales mínimas que son continuamente avasalladas por el modelo, han demostrado la importancia de la autoorganización de los(as) trabajadores(as), superando así la tradicional división gremial que es herencia de las burocracias sindicales dirigidas por organismos como la CUT y el Frente Amplio.

Por otro lado, las brigadas de salud volcadas a los territorios y los comités de emergencia territoriales, han asumido importantes labores epidemiológicas en la prevención y mitigación del virus en las poblaciones, apoyando labores que van más allá de lo sanitario, como son el abastecimiento ante la cesantía, el cuidado de personas que lo requieran y la alimentación de las familias. Estas acciones no sólo reflejan el abandono del pueblo por parte de los gobiernos que ignoran la realidad material en que viven millones de personas, y por tanto la ausencia de políticas públicas coherentes, sino también la importancia de la autoorganización a nivel territorial. Pese a que los equipos de Atención Primaria fueron sobrecargados con labores administrativas que exceden sus capacidades comunitarias, dificultando sus posibilidades de poner sus escasos recursos a disposición de las demandas del territorio, organizaciones populares y de trabajadores del sector han facilitado el acceso de los(as) trabajadores(as) a los elementos de protección personal necesarios y las condiciones para la mitigación y aislamiento adecuadas.

Creemos en la autoorganización como una forma de enfrentar la pandemia en el presente, y en la lucha para alcanzar un modelo de salud construido en el marco de un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo, de ruptura con la burguesía como parte de una lucha internacional contra el capitalismo imperialista, que inicie así la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados. Esta es la perspectiva socialista por la que luchamos.

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NOTAS AL PIE

[1Informe Escuela de Salud Pública, 17 de mayo de 2020. Disponible en: http://www.saludpublica.uchile.cl/noticias/163508/informe-covid-19-chile-al17052020

[2Canadian Institute for Advanced Research. Health Canada, Population and Public Health Branch AB/NWT, 2002

[3Dra. Alejandra Acuña, Viceministra de Salud, en presentación realizada el 28 de mayo de 2020 vía zoom.

[4Worldometer coronavirus pandemic. Actualizado al 24 de junio de 2020. Disponible en: https://www.worldometers.info/coronavirus/

[6CIPER Columna de opinión. El peligroso espejismo de la “baja letalidad” del COVID-19 en Chile. Disponible en: https://ciperchile.cl/2020/05/17/el-peligroso-espejismo-de-la-baja-letalidad-del-covid-19-en-chile/

[7Alejandra Matus en entrevista online con Confusam, 27 de mayo de 2020.

[8CIPER Actualidad. Analiza hasta 1.400 test diarios: principal laboratorio público se queda sin insumo para procesar exámenes Covid. Disponibl en: https://ciperchile.cl/2020/05/14/analiza-hasta-1-400-test-diarios-principal-laboratorio-publico-se-queda-sin-insumo-para-procesar-examenes-covid/

[9La Tercera online. U. de Washington proyecta 25 mil muertes para Chile en octubre. 23 de junio de 2020. Disponible en: https://www.latercera.com/mundo/noticia/u-de-washington-proyecta-25-mil-muertos-para-chile-en-octubre/Y25UOW4JVZBW3HFSJL4WR3EJL4/

[10Escuela de Salud Pública U. de Chile. Análisis y recomendaciones ante la fase actual de la epidemia, con datos al 25 de mayo de 2020. Disponible en http://www.saludpublica.uchile.cl/noticias/163736/analisis-y-recomendaciones-ante-la-fase-actual-de-la-epidemia

[11Borde E, Torres-Tovar M. El territorio como categoría fundamental para el campo de la salud pública. Saúde em Debate [online]. 2017, v. 41, n. spe2 [Accedido 25 Junio 2020] , pp. 264-275. Disponible en: <https://doi.org/10.1590/0103-110420...> . ISSN 2358-2898. https://doi.org/10.1590/0103-11042017S222.
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Bárbara Brito

Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Carolina Toledo

Enfermera
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